El MIT presenta un sensor de alimentos que podría ayudar a prevenir los brotes de E. coli y aliviar el desperdicio de alimentos

Ingenieros del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) han construido una nueva forma de analizar el deterioro y la contaminación bacteriana. El sensor, que consta de varias microagujas de seda, funciona perforando envases de plástico para probar la comida. Estas agujas se moldean a partir de una solución de proteínas comestibles que se encuentran en los capullos de seda y están diseñadas para atraer líquido hacia la parte posterior del sensor. A continuación, se imprime con dos tipos de tintas especializadas conocidas como “bioenlaces”.

Estos bioenlaces son sensibles a la contaminación o al deterioro y cuando se detecta uno (o ambos), cambiarán de color. La primera tinta se fabricó con anticuerpos que reaccionan con moléculas como E. Coli. Cuando estos anticuerpos entran en contacto con dicha contaminación, cambia de forma y empuja el polímero circundante, lo que a su vez cambia la forma en que el bioink absorbe la luz, cambiando así el color de la tinta. Este último está diseñado para ser sensible a ciertos niveles de pH asociados con el deterioro.

Se utilizó seda debido a que es comestible y no tóxica, además de ser lo suficientemente robusta mecánicamente para penetrar a través de un amplio espectro de tipos de tejidos.

Durante su investigación, los ingenieros conectaron el sensor a un filete de pescado crudo que habían inyectado con una solución contaminada con E. coli. Luego, en menos de un día, descubrieron que la parte del sensor que estaba impresa con bioinyector de detección de bacterias cambió de azul a rojo. Después de unas pocas horas más, el bioink, sensible al pH, también cambió de color, mostrando que el pescado también se había echado a perder.

Los resultados son un primer paso hacia el desarrollo de un nuevo sensor colorimétrico que puede detectar signos de contaminación y deterioro de los alimentos.

Estos sensores inteligentes de alimentos podrían ayudar a prevenir brotes como la reciente contaminación por Salmonella en cebollas y duraznos. También podrían ayudar a prevenir el desperdicio de alimentos si los consumidores los emplearan para identificar si los alimentos más allá de su etiquetado “uso hasta” siguen siendo seguros para el consumo.

Según los investigadores, el sensor también puede indicar contaminación y deterioro más rápido que los sensores existentes que solo detectan patógenos en la superficie de los alimentos. Esto se debe a que hay cavidades y agujeros en los alimentos donde están incrustados los patógenos.

Actualmente, el equipo está buscando formas de acelerar la absorción de líquido de las microagujas, así como la detección de contaminantes por los bioenlaces.

Noticia publicada con información de New Food Magazine

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