Expertos afirman que es “muy poco probable” que el coronavirus sea un riesgo alimentario

De acuerdo con un grupo internacional de científicos, es muy poco probable que el SARS-CoV-2 represente un riesgo para la seguridad e inocuidad alimentaria.

La Comisión Internacional de Especificaciones Microbiológicas de los Alimentos (ICMSF por su sigla en inglés) es una organización no gubernamental y observadora del Codex Alimentarius.

Estas opiniones profesionales analiza la presencia del coronavirus, también conocido como SARS-CoV-2, que causa una enfermedad llamada COVID-19. La ICMSF compartió conocimientos técnicos y científicos que consideró fundamentales para los profesionales de la cadena de suministro de alimentos y a lo largo de ella, así como también los gobiernos que supervisan la inocuidad alimentaria.

Los miembros de la ICMSF concluyen que es muy poco probable que la ingestión de SARS-CoV-2 provoque la enfermedad porque no hay evidencia documentada de que los alimentos constituyan una fuente importante y / o vehículo de transmisión. Es vital diferenciar un peligro de un riesgo, es decir, la presencia de un agente infeccioso en los alimentos no significa necesariamente que ocurrirá una infección, indicaron los expertos.

En abril pasado, la Organización Mundial de la Salud y la Organización para la Agricultura y la Alimentación publicaron la guía de seguridad alimentaria COVID-19 para empresas y otro documento con recomendaciones para las autoridades alimentarias.

El muestreo y las pruebas de virus no son el mejor uso de los recursos

Los expertos de ICMSF señalaron que el SARS-CoV-2 no debe considerarse un peligro para la inocuidad alimentaria, ya que dicho peligro entra al cuerpo humano con los alimentos a través del tracto gastrointestinal, donde puede infectar órganos y tejidos en otras partes del cuerpo. Los científicos citaron como ejemplo el virus de la hepatitis A, que ingresa al torrente sanguíneo y causa enfermedades transmitidas por alimentos, lo que finalmente desencadena en infección hepática.

ICMSF no recomienda realizar pruebas de productos finales de alimentos o áreas ambientales de alimentos para el virus SARS-CoV-2 para garantizar la inocuidad alimentaria. Como el SARS-CoV-2 no representa un riesgo para la inocuidad alimentaria, el muestreo y las pruebas sistemáticas del virus no tienen valor agregado para estos fines. Debido a las incertidumbres e inconsistencias en torno a los resultados analíticos esperados (solo detección de ARN), los planes de muestreo y las acciones correctivas posteriores no representan el mejor uso de los recursos de las instalaciones de procesamiento de alimentos.

Pese a los miles de millones de comidas consumidas y las raciones de alimentos manipuladas desde el comienzo de la pandemia COVID-19, no ha habido ninguna evidencia de que los alimentos, los envases de alimentos o la manipulación de alimentos sean una fuente o una ruta de transmisión importante del virus.

La opinión señala que hay algunos informes de que el virus del SARS-CoV-2 se encuentra en los ingredientes, productos y materiales de empaque de los alimentos y que el virus no se puede multiplicar en los alimentos.

Al respecto, los expertos indican: “En muchos casos, estos informes no son específicos sobre cómo se identificó el virus, qué cantidad se encontró y si el virus era viable e infeccioso. Dado que los métodos utilizados para la identificación del virus se basan principalmente en genes, lo que muestran la mayoría de estos informes es la presencia de ARN del virus. Muestran que puede haber un peligro para la salud humana. No muestran que exista realmente un peligro, como un virus viable, o que sea un riesgo para la salud humana a través de la ingestión o manipulación de los alimentos. Los virus presentes en los alimentos o los envases perderán viabilidad con el tiempo”.

Impacto comercial

El comercio de alimentos y las cadenas de suministro han experimentado importantes interrupciones por el impacto en la salud de la fuerza laboral que trabaja a lo largo de la cadena de suministro, es decir, de la granja a la mesa.

Algunos países están restringiendo las importaciones de alimentos, probando productos importados y/o solicitando declaraciones de libertad de COVID-19. ICMSF cree que estos controles no están científicamente justificados, porque no hay evidencia documentada de que los alimentos sean una fuente o vehículo importante para la transmisión del SARS-CoV-2.

Algunos importadores de China están pidiendo solicitando a los exportadores que firmen una declaración COVID-19. Los funcionarios de aduanas de China han estado probando COVID-19 en alimentos, envases y el medio ambiente en la frontera desde febrero de este año.

Los informes de China han sugerido que el salmón importado de Noruega, el pollo de Brasil y el camarón de Ecuador o su empaque han dado positivo por el virus. Tras los hallazgos de pollo, Filipinas suspendió las importaciones de productos avícolas de Brasil a mediados de agosto y Hong Kong prohibió las importaciones de la única planta afectada. Ambos países han levantado estas restricciones.

El descubrimiento de rastros genéticos de SARS-CoV-2 en alimentos puede generar preocupaciones sobre la seguridad de estos, pero esto no indica un riesgo para la salud pública y no debe ser una base para restringir el comercio de alimentos o iniciar un retiro del mercado, indicaron los expertos de ICMSF.

El Coronavirus ha tenido un impacto importante en la producción, el comercio y la distribución de alimentos en la medida en que la inocuidad alimentaria se está viendo afectada en varias regiones.

CMSF dijo que el SARS-CoV-2 es un riesgo ocupacional que puede afectar la salud de los empleados y su capacidad para trabajar. Las empresas alimentarias deben enfocarse en proteger a los trabajadores, consumidores y clientes de restaurantes de la infección por contagio de persona a persona.

En las empresas de alimentos, las medidas eficaces pueden basarse e integrarse mejor en las buenas prácticas de higiene y los sistemas de gestión de la seguridad alimentaria, como los basados en HACCP, que las empresas ya pueden tener para garantizar la higiene en las operaciones y la seguridad del consumidor de los productos producidos, manipulados y fabricado. Las empresas deben validar si las medidas son efectivas y verificar periódicamente si se implementan de manera adecuada en las operaciones diarias.

Se ha sugerido que los factores de riesgo del entorno de procesamiento como humedad, bajas temperaturas, flujo de aire limitado, esfuerzo físico, hablar y gritar aumentan la oportunidad de propagación de persona a persona.

Noticia publicada con información de Food Safety News

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