La colina materna y la betaína influyen en el crecimiento infantil hasta los 8 años

Dos nutrientes esenciales, la colina y la betaína, desempeñan un rol a largo plazo en las etapas prenatales cuando se trata del crecimiento de los niños, de acuerdo a una investigación clínica que aparece en el American Journal of Clinical Nutrition.

Se sabe que la colina, un nutriente esencial para los humanos, desempeña un papel en la nutrición materna, con influencia en los procesos funcionales de la placenta, como la mejora del transporte de nutrientes y la reducción del impacto de los procesos inflamatorios. La betaína, según estudios anteriores, tiene el potencial de influir en el transporte de nutrientes y regular los genes fetales de una manera que normaliza el crecimiento y el metabolismo fetal.

En el presente estudio, los investigadores analizaron los resultados madre-hijo de 1331 mujeres embarazadas que participaron en el estudio de cohortes de nacimiento KOALA en los Países Bajos. Los investigadores anotaron las mediciones de las concentraciones sanguíneas de colina y betaína en las madres durante el tercer trimestre de sus embarazos y analizaron periódicamente la altura y el peso de los niños de la cohorte desde el nacimiento hasta los 8 años.

“Como resultados principales, encontramos que cada aumento de 1 µmol/L de colina en el plasma materno se asoció con un aumento de peso promedio de 20 g más alto en el primer año de vida. A los 1-2 años, la colina se asoció con puntajes z de IMC más altos y probabilidades ligeramente más altas de tener un puntaje z de IMC> 1.04. Cada aumento de 1 µmol/L de betaína plasmática materna se asoció con un aumento de peso de 12 g más durante el primer año de vida, así como con mayores probabilidades de tener una puntuación z de IMC >1,04 al año y a los 2 años. Además, la betaína plasmática materna se asoció con mayores probabilidades de que los niños varones tuvieran sobrepeso entre los 6 y los 8 años cuando se utilizaron datos de visitas domiciliarias, pero no datos informados por los padres”, indicaron los autores.

En cuanto a los posibles mecanismos de acción, “la colina y la betaína pueden interactuar con el metabolismo de las grasas y la glucosa, especialmente cuando estos macronutrientes están en exceso”, concluyeron los autores. Señalaron que la suplementación con colina en modelos animales de obesidad normalizó la homeostasis de los macronutrientes placentarios, redujo la acumulación de triglicéridos y redujo la expresión de genes lipogénicos en la descendencia. Los efectos más fuertes de la colina en los ensayos clínicos en humanos hasta la fecha han sido en sujetos con deficiencia de colina.

“Aunque las asociaciones informadas podrían ser temporales y desaparecer a edades más avanzadas, la asociación persistente que encontramos de la betaína con el IMC en los niños debe confirmarse en estudios independientes”.

Noticia publicada con información de Nutraceuticals World

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