Una revisión analiza la relación de la vitamina D con el riesgo de cáncer de piel

Investigadores de nutrición con sede en España publicaron una revisión centrada en el paciente sobre la vitamina D, dónde se obtiene la vitamina D (a través de los alimentos o la exposición al sol) y su relación con el riesgo de cáncer de piel, citando estudios clínicos epidemiológicos y humanos publicados durante la última década. El objetivo de la revisión fue proporcionar aplicaciones prácticas para mantener un estado adecuado de vitamina D, especialmente para las personas que tienen un mayor riesgo o tienen antecedentes personales de melanoma o cáncer cutáneo.

Los cánceres relacionados con los rayos ultravioleta, a saber, el carcinoma de células basales, el carcinoma de células escamosas y el carcinoma maligno cutáneo, afectan a unas 1.042.056 personas en todo el mundo, indicaron los autores, con una tasa de mortalidad total del 6%.

“La mal llamada vitamina D es una verdadera hormona que los humanos pueden sintetizar al exponerse al sol o a través de una dieta equilibrada y saludable que incluya alimentos o suplementos ricos en vitamina D”, escribieron los autores de la revisión. “Sin embargo, nuestro actual estilo de vida predominantemente interior con una exposición al sol poco saludable, intensa y esporádica, junto con otros factores, han contribuido a la epidemia de deficiencia de vitamina D. Paradójicamente, esta epidemia va acompañada de un aumento del cáncer de piel endémico”.

Los autores de la revisión incluyeron 62 referencias, que investigaron la vitamina D procedente de la exposición a los rayos UV y/o de los alimentos, en un esfuerzo por proporcionar un contexto para el riesgo que supone la exposición a los rayos UV (que tanto proporciona vitamina D al cuerpo como puede aumentar el riesgo de cáncer de piel dependiendo de su alcance) con el fin de examinar los efectos problemáticos tanto de la exposición a los rayos UV como de la evitación del sol en el contexto del riesgo de cáncer.

Efecto dual de UV

“Parece haber poco o ningún consenso entre los diferentes especialistas con respecto a la cantidad de tiempo de exposición al sol que recomiendan a sus pacientes para sintetizar suficiente vitamina D”, anotaron los autores. “En cualquier caso, los consejos sobre exposición solar deben ajustarse a las características de cada paciente, así como a las condiciones geográficas y climáticas específicas. La comprensión del índice UV y la importancia de la duración de la exposición al sol deben incorporarse a nuestros consejos. Pueden resultar útiles las ayudas informáticas para la toma de decisiones y los algoritmos que tengan en cuenta estas complejidades. También hay algunas experiencias prometedoras que utilizan dispositivos portátiles para promover la concienciación sobre la exposición a los rayos UV. Finalmente, es necesario que las instituciones políticas y las sociedades de salud […] encuentren un terreno común y un lenguaje común para informar al público en general sin confundirlo”.

Basándose en las revisiones de las investigaciones de la última década, los autores del estudio encontraron que había pruebas contradictorias para cada tipo de cáncer de piel, basándose en el doble efecto que la exposición a los rayos UV tiene al dañar posteriormente el ADN de las células de la piel, a la vez que proporciona una vitamina anticancerígena clave.

En el carcinoma de células basales, por ejemplo, los estudios han demostrado que 100 unidades diarias de vitamina D dietética o suplementaria o más dieron como resultado un aumento lineal en el riesgo de cáncer, mientras que un análisis secundario encontró que la suplementación con vitamina D y/o calcio no mostró beneficio en el riesgo de carcinoma de células basales. Sin embargo, otro estudio observó que los niveles séricos de vitamina D3 superiores a 25 ng/mL pueden reducir significativamente las tasas de recurrencia de BCC.

Si bien hay un aumento en la incidencia de carcinoma de células escamosas en aquellos con niveles séricos de vitamina D más altos en estudios contemporáneos, esto probablemente se confunde con el fotodaño excesivo. “Está comenzando a haber alguna evidencia epidemiológica de que la vitamina D y/o los suplementos de calcio pueden ser útiles para prevenir el SCC”, indicaron los autores.

Los niveles adecuados de vitamina D se asocian con un menor riesgo de aparición de melanoma, aunque las diversas revisiones sobre el tema tienden a tener diferentes medidas de riesgo, explicaron los autores.

Si bien los manuscritos no brindan estrategias ampliamente aplicables, los autores de la revisión propusieron que las autoridades de salud pública mantengan recomendaciones sobre medidas de protección solar para personas con mayor riesgo o con antecedentes personales de cáncer de piel. También recomiendan tratar la vitamina D suplementaria como un medio funcionalmente idéntico al de la exposición al sol y, por esta razón, debe preferirse. Por último, “en pacientes con melanoma, o con riesgo de cáncer cutáneo, se justifican controles de vitamina D sérica para detectar y evitar esta insuficiencia”, puntualizaron.

Noticia publicada con información de Nutraceuticals World

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